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enero 30, 2005

Teatro en Berlín (1).

Torre_de_la_tv_2 1. 25 de Agosto de 2004. Viajo a Berlín por primera vez con motivo de la presentación de “Himmel der Fraüen” (“El cielo de las mujeres”), obra teatral del pintor Víctor Mira, muerto en Noviembre de 2003, representada en el Museo Deutsche Guggenheim. No estaré en el estreno, pero sí en el ensayo general. La puesta en escena es de Ulrike Kéller, la directora que ya había dirigido “Antihéroes”, otro texto de Víctor. Me hospedo en el Hotel Anglaterre, en Friedrichstrasse, muy cerca del famoso Check Point Charlie, lugar por donde se salía legalmente (quienes podían) de la República Democrática Alemana.  Allí están los famosos tenderetes en los que se pueden comprar todavía uniformes del ejército, chapas diversas, cascos militares, y trocitos del muro envueltos en papel de celofán.

La primera impresión de Berlín la recibo en el taxi que me lleva desde el aeropuerto Tegel, el más importante de los cuatro que funcionan regularmente. En realidad no se podría considerar como tal. Más bien son imágenes caóticas: Postdamer Platz, llena de grúas y de edificios recién construidos, con un cierto aire al barrio de La Defense, de París. El Reichstag, majestuoso, a escasos metros de la Puerta de Brandemburgo, y la torre de la televisión, visible desde casi todos los puntos del recorrido.

Primer paseo. Calle Unter den Linden al atardecer. Grande, destartalada, prácticamente vacía a partir de las ocho de la tarde. La bellísima Berliner Dom, y la isla de los Museos a donde me encamino después del ensayo. En ella la impresionante silueta del Pergamonmuseum, que intentaré visitar al día siguiente. Me retiraré pronto a digerir lo visto en esas primeras horas.

2. “El cielo de las mujeres”. Cuatro de la tarde. Ulrike, menuda, enérgica, amable, da las últimas instrucciones a actores y técnicos. Ester Romero, compañera de Víctor, observa todo con una inmensa y contenida emoción. El patio interior cubierto por un césped artificial de un verde intenso. En el centro, un enorme árbol. De una de sus ramas cuelga un columpio, imprescindible para desarrollar la acción escénica que el autor propone. Las ventanas del patio, cubiertas con lienzos en donde se ven nubes a modo de etérea escenografía. Cinco actrices y un actor en escena. Vestuario colorista. Interpretación expresionista, medida, calculada. El pase dura un poco más de media hora. A pesar de lo cual, es un gran espectáculo.

3. Agotador paseo matinal solitario por Berlín. Unter den Linden/ Puerta de Brandemburgo/Avda. 17 de Junio/ la Kaiser-Wilhelm, conocida por los berlineses como “muela picada”, con su torre intacta, a modo de recordatorio permanente, tras los bombardeos de la segunda guerra mundial. Taxi hasta el Hotel Anglaterre, con los pies destrozados. La ciudad es bulliciosa, inmensa, destartalada. Trenes aéreos y tranvías por todas partes. Tráfico intenso. Grandes superficies. Sorprendentes bosques agrestes en mitad del asfalto. Ya en el hotel veo perder a España frente a EEUU en baloncesto. Una pena. Mañana iré al mítico Berliner Ensemble!

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LIBROS

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    Comienza a escribirse sobre el 11 de Septiembre. En "Windows on the World" (Anagrama), prepotente nombre del restaurante situado en la última planta del no menos inmodesto y ya destruído World Trade Center de Nueva York, el escritor francés Fréderic Beigbeder trama y teje una relación entre esa altura y la de "Le Ciel de París", desde donde escribe, en la Torre de Montparnasse. En el libro se reflexiona sobre aspectos de nuetra vida, pero, sobre todo, es el conmovedor relato de las peripecias de un ejecutivo que ha ido a desayunar con sus pequeños hijos a ese lugar. La situación recuerda a la del personaje de "La vida es bella". Ante sus hijos, horrorizados por la situación, mantiene que se trata solo de una simulación y que todo eso pasará muy pronto. Es curiosa la estructuración de la novela. Cada capítulo es un minuto de los 105 que transcurrieron entre el impacto del avión y la caída de la Torre Norte. Más que una gran novela, es la prometedora entrega de un escritor no menos prometedor.
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  • Michel Houellebecq: Plataforma
    De este joven escritor francés ya conocía su "Ampliación del campo de batalla", que me había dejado indiferente. Cuando leí "Plataforma" (Anagrama), anduve varios días con los ojos como platos. Creo que es una novela interesante, pero, sobre todo, una reflexión impertinente, provocadora, que descoloca por su claridad y valentía, y que lleva implícita una toma de posición ideológica por parte del lector. Contiene el alegato más radical que he leído contra el Islam (por eso ha sido un escándalo en su país), y para quienes provenimos de las remotas regiones del marxismo supone una revisión de lo que queda de nuestro pasado mental. Lo he regalado muchas veces y casi nadie ha sabido qué decirme. Algunos/as creo que no me saludan.
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    (Anagrama) El mejor Auster. Nuevamente. Ese que consigue que los dedos se te peguen al libro. Ese que hace que maldigas el tener que levantarte por la mañana y no puedas seguir leyendo. Ese que, sin pedantería, reflexiona escribiendo sobre el hecho de escribir. Ese que ha revitalizado a escala planetaria los conceptos clásicos de la intriga y la progresión en el relato. Ese que describe personajes de carne y hueso en situaciones inverosíles, y unos y otras se hacen creíbles para el lector. Ese que ha recogido lo mejor de la literatura norteamericana y la ha mezclado con su formación clásica, europea. Lee este libro ya.
  • James Gavin: Deep in a Dream. La larga noche de Chet Baker
    Si yo fuera Chet Baker y leyera mi propia biografía escrita por James Gavin (Reservoir Books) supongo que me removería en la tumba. Un lector normal, y, sobre todo, vivo, se quedaría de piedra ante las peripecias contadas en un libro que relata con todo lujo de detalles el implacable y larguísimo proceso de autodestrucción de uno de los mejores músicos de jazz de todos los tiempos. Desde su origen familiar a las misteriosas circunstancias de su muerte, pasando por el calvario (para él y para que los le rodeaban) de su adicción a las drogas, todo en el libro es extremo. Como extremo es el biografiado mismo: seductor hasta en los últimos momentos, amoral, solitario, egoista, genial músico. Una delicia de libro.
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    (El Público) Parece lógico que este sea el primero de los libros reseñados puesto que su personaje protagonista le da nombre y me lo presta a mí para titular este blog. R.Z. es una obra teatral escrita por el francés Bernard Marie Koltés, muerto hace años víctima del SIDA. Es finalmente la historia de un personaje extraño y complejo, capaz de asesinar a su propia madre y de hablar como un personaje de la Ilustración. Ese es precisamente el estilo del autor: capaz de describir un ambiente de cloaca con la más sutil de las poesías. Se trata de una suerte de tragedia rabiosamente contemporánea, llevada al teatro por Peter Stein, y en España por Lluis Pasqual, entre otros. (Hay una versión cinematográfica de Cédrik Kahn, realizada en 2001, perfectamente prescindible). Para mí es la mejor obra de Koltés, a pesar de que "La soledad de los campos de algodón" y "Muelle Oeste" también representaron importantes hitos en la escena de los últimos años del pasado siglo. Koltés está enterrado en una tumba del Cementerio de Montmartre, en París. Me la encontré por casualidad una mañana fría y húmeda. Sentí una gran emoción.

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    Janet Malcolm conoce hasta las esquinas más recónditas de la obra de Chejov. Y con ese bagaje realiza un viaje a Rusia en donde va reconociendo los paisajes y los ambientes que inspiraron al autor de "Las tres hermanas" a escribir sus relatos y sus obras teatrales. Por medio se nos cuenta también las peripecias y vicisitudes de un país hermoso y la manera de ser de sus habitantes. "Leyendo a Chejov" (Alba Editorial) es, pues, un libro de aventuras, pero, al mismo tiempo un riguroso y ameno recorrido por los escritos de uno de los principales hombres de teatro del siglo XX, y, por tanto, una excelente herramienta para conocerlo.

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